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Ariel

Estasis en la oscuridad.
Luego, el chorro azul y sin sustancia
del tolmo y las lejanías.

Leona de Dios,
¡cómo nos vamos uniendo,
eje de talones y rodillas!...El surco

se abre y pasa, hermano del
arco marrón
del cuello que no alcanzo a atrapar.

Bayas con ojos
de raza negra
arrojan oscuros anzuelos...

Negras y dulces bocanadas de sangre,
sombras.
Algo distinto

me transporta por los aires...
Muslos, cabello;
escamas que se desprenden de mis talones.

Blanca
Godiva, me despojo
de manos muertas y muertos aprietos.

Y ahora
me hago espuma de trigo, centelleo de mares.
El grito del niño

se funde en la pared.
Y yo
soy la flecha,
el rocío que vuela
suicida, unido al impulso
que conduce al ojo

rojo: al caldero de la mañana

Sylvia Plath

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